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Modopup · La revista Puppy & Friends de Pup Jay

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Eventos y textos de pup play en Bogotá

Parche

El día después de una noche

· 1059 palabras

El día después de una noche

Hay una parte del pup play de la que casi nadie escribe: la mañana siguiente. Sales del apartamento cuando Bogotá todavía está oscura, agarras la chaqueta, bajas al parqueadero y manejas por una ciudad que ni te pertenece. El cuerpo todavía está en modo cachorro. La cabeza ya no.

Para quien nunca ha estado ahí, esto no significa nada. Para quien ya estuvo, esta es exactamente la pregunta. El texto va para la segunda persona: la que sabe cómo se siente la noche y ahora está sentada en la mesa de la cocina preguntándose qué fue eso y por qué le pesa.

Salir del estado

El headspace no tiene salida preparada. Se acaba como se acaba el sueño, sin que avise. Estabas cuatro horas en el suelo del mosh, moviéndote sin pensar, y de pronto miraste el reloj y eran las once. En el camino a casa se fue poco a poco, y a la mañana siguiente ya no está.

Eso por sí solo no es una tragedia. La mayoría de la gente cuenta que el pup play les hace bien: en una encuesta internacional con 733 participantes, 616 dijeron que les mejoraba su salud mental. Son datos de la comunidad internacional, no de Bogotá. Eso es lo que cada quien cuenta de sí mismo, no una medición de laboratorio. Aun así, el 9,69 % negó que les hiciera algo. Casi una de cada diez personas salió de una noche sin esa sensación de bien.

Lo que sigue al estado es físico. El cuerpo se tomó la noche en serio: el cansancio, los músculos que te avisan, la necesidad de dormir dos horas más de las que tenías pensadas. Come, toma agua, báñate. Eso es todo lo que pide el cuerpo, y toma en serio el pedido.

Por qué a veces llega el bajón

A mucha gente no le pasa. Vuelve a casa, se baña, duerme y al día siguiente está bien. A otra le pasa otra cosa, y la segunda es más difícil de explicar.

Un parche puede ser la única vez en la semana en que alguien está con gente que lo mira sin pedirle cuentas. En la encuesta, casi la mitad de quienes respondieron viven el pup play igual de social que sexual, y más de una de cada cinco lo vive sobre todo como algo social. Esa parte pesa cuando uno se sienta a contarla mañana: hubo plática, hubo alguien que te rascó detrás de las orejas sin preguntar nada. Eso también baja.

A veces lo que pesa es la distancia entre lo que esperabas y lo que pasó. Llegaste con una noche en la cabeza y la noche fue otra. Nadie te dijo que tenías que sentir algo en particular. Cuando la expectativa era grande, la mañana se lleva la diferencia.

Y a veces no hay una razón que valga. La tristeza llega sola, llueve sin motivo, y cualquier explicación que busques la deja más grande. Cuando eso pasa, no hace falta encontrarle una causa. Hay mañanas en que uno llega más abajo de lo que esperaba y no hay nada que lo explique.

Lo que ayuda en las primeras horas

Lo que más sirve es no apurarse. La noche terminó, pero el día apenas empieza, y hay dos o tres horas donde todo se siente más grande de lo que es. Cruzar media ciudad manejando después de un mosh es la peor manera de que un bajón se convierta en un día entero. Mejor llegar, desayunar, dormir.

Después, algo de cuerpo. Caminar. Bajar al parque. Sacar al perro. No es una receta, es la manera más rápida de volver del interior a la vida exterior.

El celular ayuda y estorba. Ver fotos de la noche es fácil; la conversación de la mañana siguiente con alguien que estuvo ahí ayuda más que cualquier otra cosa. Si conoces a alguien que fue contigo, escríbele. Si no conoces a nadie, un mensaje a la persona que organizaba la noche también cuenta.

Y hay una cosa concreta que conviene hacer: no tomar ninguna decisión sobre esa noche en la mañana del día siguiente. No digas "no vuelvo". No digas "esto es para siempre". Lo que pienses a las siete de la mañana, con el cuerpo todavía en otro lado, no eres tú.

Cuando dura más de un día

Hay bajones que se van el domingo. Otros se quedan una semana, y hay quienes los sienten cada vez que salen de un parche. Si te reconoces en eso, dos cosas.

La primera: leer en frío. El dossier una noche cualquiera explica qué es el pup play y qué pasa adentro de una noche, y a veces ordenar eso por escrito es lo que deshace el nudo.

La segunda: hablar con alguien. El primer paso no tiene que ser grande. Escríbele a una persona que estuvo en la noche, o a la que la armó, y pregunta si se puede pasar por una charla más tranquila algún día de la semana. No hace falta un evento ni un plan.

Esto no es consejo de nadie. Es solo la forma más corta de decir que volver es lo más probable y que pedir ayuda para el camino es más fácil de lo que parece.

Volver

La mayoría vuelve. No porque haya pasado algo especial, sino porque el contraste con el resto de la semana es demasiado grande como para no volver.

Las noches en Bogotá son planes. Se propone una película, un asado, una tarde de mosh, una salida a Salitre. Quien propone trae la idea y se hace cargo de esa noche, y cada persona llega en ropa de calle, se sienta donde le cuadra y se va cuando quiera. No hay lista de asistencia, no hay cuota, no hay que demostrar nada. Si quieres ver los cuatro formatos uno por uno, está en las cuatro formas de parche.

Si te interesa más el estado en sí, cómo se siente entrar en modo cachorro va directo a eso. Y si ya ibas pensando en el suelo del mosh, tu primera vez en un mosh cuenta lo que espera a quien nunca ha entrado.

La mañana siguiente es parte de la noche. No siempre se siente bien, y eso también cuenta como información sobre lo que esto es.