Alfa, la palabra que no explica nada
Alfa, la palabra que no explica nada
Hay una palabra que aparece en la escena más que la misma palabra cachorro. Alguien la dice de sí mismo al llegar. Alguien se la dice a otro. Alguien la suelta y los dos se ríen. Alfa. Pasa, y casi siempre lo que pasa después es justo lo mismo que si nadie la hubiera dicho.
Este texto la mira por dentro: qué trae cuando llega, por qué aquí no se quita de la mesa, y qué es lo que de verdad ordena una noche.
La palabra llega llena
La palabra alfa llega de afuera y llega usada. Viene de una serie, de un documental, de un chat de celular, de un espacio de la escena que tiene reglas propias, de un consejo de adiestramiento que alguien vio de niño. Casi ninguna de esas fuentes tiene que ver con esta, y todas la usan como si estuviera describiendo algo.
Cuando alguien la trae, trae también el significado que le dieron afuera. A veces trae la idea de que alguien está arriba. A veces trae un modo de jugar. Casi siempre trae algo que esa persona sacó de otro lado y que acá no dice nada.
De dónde salió la palabra, qué se estudió después y por qué el mismo que la volvió famosa la corrigió años más tarde está contado con años y nombres en el dossier sin alfas. Acá ese detalle no hace falta. Lo que importa es cómo se comporta hoy, en una noche cualquiera.
Tres usos que aparecen cualquier noche
El primero es presentarse. Alguien dice que es alfa pup al saludar, y a veces lo dice porque le gusta cómo suena, o porque de verdad le gusta cuidar. El segundo es describir a otro: "él fue el alfa de la noche". El tercero es la broma, que también es un uso real y a veces el más limpio de los tres.
Los tres dan la vuelta y no dejan marca. El primero describe a quien habla. El segundo mira un rato, no un cargo. El tercero ni siquiera pretende. A cualquiera de los tres se le puede quitar sin que nadie note el hueco.
Por qué aquí no se quita
En algunos espacios la palabra sí funciona como norma, y hay gente que llega de esos espacios y no quiere oírla. Entender eso cambia cómo se recibe: no es falta de contexto, es que cada quien trae el suyo.
Prohibirla tendría un costo raro. La palabra que alguien usa sobre sí mismo no es un problema de convivencia: es la manera de presentarse. Y nadie sabe de antemano cómo va a sonar. Dicha por alguien con experiencia, puede salir como un ofrecimiento de cuidado. Dicha con otra intención, puede salir como una orden. El mismo sonido, dos frases.
Lo que sí hay son reglas, y se escriben distinto. Dicen qué se puede pedir, qué se puede negar y qué no se negocia. Nada de eso es vocabulario: se dice con frases cortas, en el momento y a quien le corresponde.
Y hay una razón más aburrida. Quitarle una palabra a alguien es un gesto de mando muy pequeño, y un espacio donde nadie manda no tiene muchas ganas de empezar por ahí.
Lo que la palabra no alcanza
La palabra describe a una persona. Lo que ordena una noche es el acuerdo entre varias, y eso se pacta, no se anuncia.
La misma persona que el sábado se dice alfa puede ser la que el domingo pregunta si le pueden tocar el collar. Ahí no hay contradicción, porque la palabra nunca cambió lo que ya estaba permitido.
Y etiquetar a alguien no se puede negociar, porque no hay contrapropuesta: nadie contesta "yo también" a eso. Un acuerdo sí, porque tiene dos partes y las dos se pueden cambiar. La diferencia entre las dos cosas es justo la diferencia entre lo que decides tú solo y lo que decides con otro.
Donde la palabra no llega es a los turnos. En una noche real, el que organizó organiza esa noche. El que anda pendiente de que los que juegan en el piso tengan espacio hace ese trabajo mientras dure. A nada de eso se le puso nombre de alfa.
El artículo aquí no hay nada que subir cuenta esa mitad con más calma, incluida la energía que uno trae para competir y qué hacer con ella.
Qué dicen los números
En una encuesta internacional con 733 personas, el 49,03 % dijo vivir el pup play por igual de social y de sexual, el 22,5 % lo vive sobre todo como algo social y apenas el 4,42 % lo vive de forma exclusivamente sexual. Son respuestas de gente que se escogía a sí misma, y no son datos colombianos.
Ninguna de esas respuestas necesita que haya alguien arriba. Una noche en la que la mitad juega con la cabeza en otro lado no se entiende mejor con un alfa: se entiende mejor con una bola, con una manta en el piso y con alguien que pregunte si el cuerpo está bien.
Cómo se dice en una noche
Cuando alguien se presenta como alfa, lo que sirve es hablar de esta noche y no de la palabra. "¿Eso cambia algo?" no es buena pregunta, porque la respuesta siempre es que no y ahí se acaba. Mejor: "¿Quién trae la pelota?", "¿Quién está pendiente de los que juegan en el piso?", "¿Qué hace falta?".
Esas tres preguntas hacen trabajo de noche en cualquier parche. Mueven turnos, muestran quién está presente, y no dependen de cómo se haya presentado nadie. Cuando alguien dice que es alfa y enseguida le toca una de esas tareas, se nota rápido que la palabra no estorba para nada.
Y si a alguien la palabra sí le molesta, se habla con esa persona, en el momento, y se sigue jugando. La regla que aquí no se negocia es otra, y no es una palabra.
Para leer el resto
El dossier sin alfas tiene la historia completa de la palabra: de dónde salió, qué seública después, y cómo se maneja cuando alguien llega con rango de verdad. Si lo que te interesa es la otra mitad, la de las funciones, el dossier el handler explica qué es cuidar una noche sin mandar en ella.
La respuesta corta, para quien llegó hasta acá: puedes usar la palabra. Solo que no hace nada por ti.