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Modopup · La revista Puppy & Friends de Pup Jay

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Eventos y textos de pup play en Bogotá

Dossier

Las horas de una primera noche

2509 palabras

Son las tres de la mañana, vas en bus por la Séptima con alguien que lleva dos horas sin decir nada, y no te has sentado ni un segundo en el suelo. Esta parte del dossier arranca acá para después caminar hacia atrás, hasta el mensaje que llegó días antes.

Las tres de la mañana

Vas por la Séptima, o por la Autobi Arcadia, o manejando por la Circunvalar con las ventanas abajo, y de pronto te acuerdas de que hace tres horas hubo cuatro personas jugando en el suelo de un salón. Una de ellas era tuya, y no jugaba: miraba.

Ese hueco entre lo que esperabas y lo que pasó es lo más común de una primera noche. No salió mal. No te rechazaron. Venías con una película armada en la cabeza y la sala tenía otra, y a las tres de la mañana te queda procesar la tuya.

Lo que la mayoría se lleva de esa noche es una lista de momentos pequeños, no una sensación mítica: que alguien dijo algo que le dio risa, que te ofrecieron algo de comer, que el piso estaba más duro de lo que te imaginabas, que la conversación se puso buena justo cuando te dio por irte. El headspace puede haber estado ahí dos horas, o puede no haber pasado nunca. Las dos cosas sirven.

Y el viaje de vuelta es la parte que nadie escribe. Vas en bus, llueve un poco, uno viene pensando en cosas que no tienen que ver con nada, y de pronto se acuerda de que alguien dijo "yo no sé hacer eso" y se da cuenta de que tampoco hacía falta saberlo.

El mensaje de hace nueve días

Vamos para atrás. Nueve días antes, o seis, o tres: llegó un mensaje diciendo que había fecha, lugar y hora. Nada más.

Ese es todo el contenido. No dice de qué se trata exactamente, no pide que lleves nada, no pide que sepas nada y no dice cuánto va a durar. La mayoría se queda con ese mensaje una semana entera, dándole vueltas a qué contestar.

La respuesta que sirve es corta: pregunta la hora, la dirección, qué se pone, si se lleva algo. Ninguna de esas preguntas es tonta y todas se responden fácil. Lo que pasa es que mientras esperas la respuesta uno se inventa el resto, y ahí es donde arranca la expectativa que después te cobra la noche.

El registro lo hiciste antes, con un alias y tu correo. Ese alias lo escoges tú: puede ser tu nombre, un apodo o una palabra inventada. Nadie lo cruza con tu cara ni con el trabajo. Si abres el enlace de confirmación, quedas anotado y recibes los avisos. Cuando el evento ya tiene fecha publicada, ahí sí se pide nombre completo y cédula de ciudadanía, porque al edificio hay que entregarle una lista con nombres antes de la noche. Eso es todo lo que hay.

La cuadra y el portero

Llegas a la esquina del conjunto y ahí empieza la parte más rara, que no tiene nada de rara. Dejas el carro en el parqueadero, te bajas con lo de siempre en la mano y te acercas a la portería. El celador te abre. Tú dices tu nombre, o tu alias, o dices que te invitaron.

Y el celador hace lo que tiene que hacer: te deja pasar. Puede ser que te anote en una hoja, puede ser que te abra la reja del parqueadero y te indique por dónde se sube. No te hace una sola pregunta sobre lo que vas a hacer adentro. No hay interrogatorio y no hay nadie evaluando cómo te ves.

Camina como caminas en cualquier edificio de Chapinero. No uses capucha para esconderte, no mires el piso, no camines rápido. Entrar con naturalidad no es teatro. De verdad estás yendo a una casa a pasar la tarde, y eso se nota en cómo llegas.

Adentro hay alguien con una máscara puesta. Fue esa misma persona la que se la puso por primera vez en esa sala, hace tres meses. Nadie te está mirando raro porque nadie llega esperando un papel en esa puerta.

El primer hola

Un paso adentro y lo primero que pasa es que alguien dice tu nombre. El que tú escogiste, el que nadie más conoce. En ese momento ya entendiste algo: esa persona se acordaba de ti antes de que entraras, porque alguien le dijo que venías, y tu nombre estuvo en alguna conversación la noche anterior.

El saludo es el de siempre: un apretón de manos, una sonrisa, un "buenas". No hay ceremonia, y no hay nadie que te escolte hasta el centro del salón como si esa fuera tu noche.

Después de los saludos, antes de que hagas cualquier cosa, te dicen las reglas en voz alta. Todas, de una. Escúchalas, porque son la mitad de lo que hace que una noche salga bien. Y después viene lo demás: dónde se deja el bolso, dónde está el agua, dónde se puede estar sentado sin estorbar, dónde se queda el celular.

Ese momento se siente raro solo porque es nuevo. A la segunda vez desaparece casi por completo. Si quieres saber cómo va el resto de la noche antes de ir, el dossier una noche cualquiera lo cuenta desde afuera.

Nadie te está mirando raro

Este es el punto donde se cae la mitad del miedo de las primeras veces, y el miedo está mal puesto. Nadie te está mirando raro. No hay nadie parado evaluando si tú sabes hacer esto.

Piénsalo al revés. Si tú entras a una sala y hay alguien sentado en el suelo moviéndose en cuatro patas con una capucha puesta, ¿lo vas a mirar raro? No. Te vas a tapar la boca y vas a seguir. Eso mismo está pasando del otro lado de la sala, pero al revés. Y a los pocos minutos deja de verse raro y empieza a verse normal, que es lo que pasa con cualquier cosa nueva que entra a una sala.

Hay algo más que ayuda mucho: la ropa de calle llega hasta la puerta del salón. Nadie sube al apartamento vestido de cachorro por el pasillo. En la portería, en el ascensor y en las escaleras todos van como van a cualquier parte. Por eso el celador no tenía nada raro que mirar, y por eso el vecino que baja a botar basura a las once no tiene nada raro que preguntar.

La media hora rara

Voy a ser honesto con esa parte, porque es la que a todos asusta más. Hay una media hora, a veces veinte minutos, en la que no sabes qué hacer con las manos.

No sabes si deberías estar en el suelo. No sabes si alguien se te está acercando o si te lo estás imaginando. No sabes si tu silencio es un problema. Y si llevas rato parado junto a la mesa con el tinto en la mano, sin saber hacia dónde ir, esa es la media hora.

La salida fácil es esta: no tienes que estar haciendo nada. Puedes estar sentado todo el tiempo. Puedes estar mirando todo el tiempo. Puedes estar hablando de comida o de tráfico durante toda la noche. Nadie te va a decir nada. Hay noches enteras en las que la mitad de la gente sentada nunca se pone en el suelo.

Y el formato te cubre. Si vas a un cine, puedes estar dos horas sin hacer nada raro. En un asado, la conversación llena el rato. En el parque nunca arranca un juego serio. El mosh es el único de los cuatro al que la gente va expresamente a jugar en el suelo, y por eso es el único donde esa media hora se nota. No tiene que pasar en el mosh la primera vez. Los cuatro formatos están contados en las cuatro formas de parche, con lo que pide cada uno.

Cuando el modo cachorro no llega

Vas a oír mucho lo del headspace, y la gente lo describe como si fuera fácil de lograr. Es un estado en que la cabeza se apaga y el cuerpo se enciende solo, como cuando dejas de pensar una jugada y simplemente la haces. Llegar ahí en una primera noche no está garantizado, y a mucha gente no le llega nunca.

Vas a pasar la noche en modo humano y vas a sentir que te faltó algo, porque hay una expectativa puesta ahí y tú mismo te la pusiste. Ojo con eso: hay gente que vuelve muchas veces y en ninguna lo siente igual. La primera vez no es la que mejor se siente, y eso no dice nada malo de ti.

Los que estudian el pup play usan una comparación para ese estado: dicen que se parece a una forma físicamente activa de atención plena. Cuerpo moviéndose, cabeza tranquila. Es una descripción de lo que cuenta la gente, no una técnica. No hay forma de forzarlo ni de comprarlo.

Lo que sí funciona es llegar sin tarea. Si vas a pasarte la hora mirando a dos personas que juegan con una pelota, perfecto. Si vas a pasártela hablando de fútbol, perfecto. Nadie va a notar que no jugaste. Cuando lo notas tú es al día siguiente, cuando se lo cuentas a alguien y te dice que a él le pasó lo mismo.

Mirar también es jugar

Con eso de mirar hay que tener cuidado con una cosa. Hay un papel que se llama handler, y no es solo estar de pie. Es el que vigila que el juego siga siendo juego. Si alguien está jugando muy fuerte y a otro no le alcanza, esa persona se acerca. Si alguien necesita una pausa, esa persona se la pide.

Ese papel lo toma cualquiera en cualquier momento. Agarra una botella de agua y ya. Aquí no hay corona ni rango, y agarrar el agua ya es participar. Es la forma más fácil de entrar cuando todavía no sabes jugar.

Mirar es estar adentro con los brazos cruzados. El juego pasa igual, tú lo estás viendo. En la encuesta grande que hay, el 49,03 % de quienes respondieron lo viven igual de social que sexual, y el 22,5 % lo viven sobre todo o solo como algo social. La mitad de la gente en esa sala está mirando, no está en el suelo. El que está en el piso y el que está parado forman la misma noche.

Si quieres saber bien qué es ese papel y qué no se le pide, está contado en el handler.

Decir chao

Uno se levanta cuando quiere y se va. Eso es todo. No hay que esperar a que termine el juego, ni a que termine la película, ni al último. El dossier convivencia tiene el detalle de las despedidas.

Antes de salir te cambias de ropa en el baño, guardas el equipo si usaste algo y ya. Si hubo confianza, un saludo a los que ya conoces y un "nos vemos" a quien quieres volver a ver. Si no la hubo, un "chao" y sales. Las dos cosas sirven igual.

El pasillo de regreso es raro, y no por nada malo. Vas hablando de otra cosa, bajas las escaleras y ya afuera eres un tipo normal un viernes en la noche en Chapinero. Eso también es parte de la noche. Uno puede saltarse ese tramo, pero saber que va a pasar lo hace más llevadero.

Y una cosa que se olvida fácil: si tomaste, toma agua antes de salir, y si vas a manejar, mano en el volante y a la casa. Ese punto va en serio y no es un sermón.

Lo que cuentas al otro día

Al día siguiente la primera pregunta que te haces es rara, y no tiene que ver con volver. Es si de verdad estuviste ahí, como si la noche hubiera pasado en otro sitio y tú solo hubieras estado de visita.

Esa pregunta es muy común y no tiene nada de malo. La respuesta suele llegar en el camino de vuelta, o en la mañana, o una semana después. Nadie tiene que tenerla resuelta cuando llegue el siguiente mensaje con fecha.

Sobre lo que la gente dice de esto hay un dato que circula mucho. En una encuesta internacional con 733 participantes, el 84 %, o sea 616 personas, dijo que el pup play les mejora la salud mental. Casi una de cada diez dijo que no. Lo importante de ese dato es quién lo dice: cada quien habla de sí mismo. El dato viene de gente contando cómo les va, no de un estudio clínico.

Y hay otro que vale la pena. En esa misma encuesta, una de cada dos personas tuvo un resultado llamativo en un cuestionario de detección de autismo, frente a una de cada 44 en la población general. Eso no significa que la mitad de quienes van a un mosh tengan un diagnóstico, porque un cuestionario de tamizaje no es un examen. Significa que en esa sala caben muchos tipos de mente, y eso se nota en el piso.

Si quieres los números completos, uno por uno, están en una noche cualquiera.

Cuando ibas y no ibas

Un día recibes el mensaje con la fecha, dices "voy", y el jueves a las siete de la tarde te da por no ir.

No le debes nada a nadie. La lista es una lista. Si puedes, escribes un mensaje antes de la hora, algo como "se me salió algo", y ahí está. Si ni siquiera puedes escribir, pues no escribiste. No hay consecuencias, no hay tensión después, y no hay alguien en el salón pensando en ti.

Y al revés también funciona. Vas tres veces, no te engancha y dejas de ir. Tampoco pasa nada. Nadie te llama a preguntarte por qué.

Volver no es una deuda ni una promesa que le hiciste a un espacio. Si un día te da por ir otra vez, ahí vas. Eso está contado en el parche no es un club, que va de por qué a nadie se le pide cuentas de nada.

Otros textos

Esta es una noche sola, no todo el tema. El headspace y el equipo están en puphood, el papel de quien cuida en el handler, las reglas de convivencia en convivencia, y la pregunta de si esto es sexual en una noche cualquiera. La idea del alfa y por qué aquí no creemos en rangos permanentes está en sin alfas. Si tu duda es qué llevar, eso está en el equipo que no necesitas.

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